El vínculo traumático es esa unión que impide desplegues tus alas y te alejes de la persona abusadora, de tu verdugo. El primer síntoma del Síndrome de la Víctima Narcisista Es esa unión fuerte pero destructiva con tu abusadora que se basa en el desequilibrio del poder y la intermitencia en el maltrato.

A las hijas de madres tóxicas, como a cualquier persona atrapada en una relación tóxica, nos cuesta romper el vínculo con nuestra madre tóxica, la persona narcisista, a pesar de que veamos claramente que nos hace daño. No sabemos por qué no nos alejamos de ella, no lo entendemos, y eso nos tortura aún más.

Hay mucha gente que te dice aléjate de quien te maltrata, de quien no dibuja una sonrisa en tu boca.

Pero cuando tu maltratadora es tu madre, no es tan fácil romper el vínculo. Las cadenas que te atan a tu madre son más fuertes de lo que crees, y por eso es tan difícil alejarse de ella. El vínculo emocional que tienes con tu madre es muy difícil de romper.

Como nace ese vínculo traumático con tu madre

Cuando nace un bebé, se vincula automáticamente con su cuidadora. Se une a ella por el instinto de seguridad y supervivencia. Es un mecanismo de defensa para evitar ser aniquilado. El niño se une o vincula, con su madre para poder sobrevivir.

Este vínculo con tu madre es más grande que el que puedas desarrollar con cualquier otra persona narcisista que se cruce en tu vida, porque nació como un vínculo de superviviencia.

Un niño criado por una madre tóxica, no conoce otra cosa, es lo que ve, con lo que vive. Simplemente intenta conseguir el amor y la aprobación que tanto necesita y desea. Y se esfuerza mucho por conseguir las migajas de amor que le da su madre. Desde muy pequeño aprende a culparse de las deficiencias de su madre. Si solo fuera más inteligente, mejor educado, más listo, más divertido, más guapo,…..

El niño por lo tanto crece creyendo ser el defectuoso. Incluso cuando las cosas parecen estar bien, el niño no tiene dudas de que la calma durará poco y que, en cualquier momento, la madre tóxica volverá a su estado agresivo y frío y el volverá a sentirse infeliz y enojado.

Por lo tanto, el niño hace todo lo posible para mantenerla feliz. Se vuelve hipervigilante en el más alto grado. Mantener a mamá feliz es lo más seguro y por ello cumple con lo que sea necesario que le imponga la madre. El niño vive con miedo constante y sometimiento absoluto a su progenitora.

Esto se da cuando las cosas van bien, pero como sabes por tu experiencia, el verdadero terror lo vive el niño cuando la madre tóxica saca a relucir su frustración, su ira narcisista . Entonces el niño ya no solo tiene el dolor emocional de una madre fría, distante y carente de amor. También tiene a la madre enfurecida, madre que reprime su personalidad, quitándole todo lo que ama o disfruta. Si mamá no se siente bien nadie en casa lo hará.

Me imagino que te sientes identificada con esto que acabo de explicar.

Como niña no has podido huir de este vínculo, has sido prisionera de tu propia infancia. Por eso el vínculo traumático con una madre es más fuerte y difícil de romper que con una pareja. Depender de tu madre para tu supervivencia es lo que ha hecho que nunca hayas podido romper las cadenas que te atan a ella.

Psicológicamente puede ser parecido a ser un rehén en una zona de guerra insegura durante muchos años. La supervivencia puede ser, y por lo general es, una preocupación muy real. Crecer bajo la constante amenaza de abuso físico, emocional, sexual, psicológico, mental y espiritual, mezclado con la amabilidad ocasional, proporciona el comportamiento intermitente requerido para desarrollar el síndrome de Estocolmo o la vinculación traumática.

Como hija de una madre tóxica, percibes que no hay escapatoria y aprendes a vivir en modo supervivencia,

recurriendo a la disonancia cognitiva (otro síntoma del Síndrome de la Víctima Narcisista), o autoengaño para sobrevivir los abusos. La disonancia cognitiva, autoengañarse, te reduce estrés, lo que fortalece el vínculo con tu abusadora hasta el punto de llegar a defenderla.

Con el sentido del yo erosionado o disminuido, y aislada de otras personas, te apegas con fuerza a tu maltratadora en busca de un poco de amor, de un poco de validación, de ese gesto amable que te devuelva tu identidad personal, que te diga que no eres una persona tan inadecuada como estás empezando a creer, sino alguien valiosa y digna de amor y respeto.

Los gestos “buenos” ocasionales de tu madre, te han arrastrado a una situación de abuso crónico y a una dependencia emocional de ella, tu abusadora.

Vínculo Traumático es la gran cadena que te impide dejar a tu madre

La Teoría del Vínculo Traumático, desarrollada por Dutton en 1995 y según él, se basa en dos parámetros fundamentales:

  • Desequilibrio de poder. El maltrato, lo entendemos como una relación de poder asimétrica, en la que una persona genera una relación de coacción, poder y daño frente a otra persona. Lo que explica esta teoría es que cuando una relación es asimétrica, cuando existe un desequilibrio entre ambas partes, empieza a aumentar la valoración negativa de la parte desfavorecida, aumentando así su dependencia de la fuerte. Tiene su lógica el asunto: si yo me siento vulnerable, no válida, necesitaré de alguien que me dé esta valía.
  • Intermitencia del maltrato. Esto puede explicarse a través de las fases de la violencia (acumulación-explosión-endulzamiento). No sabes cuándo podrán maltratarte. La fase de endulzamiento te desconcierta y refuerza tu idea de “mi madre puede cambiar, puede ser buena”, fomentando así la perdurabilidad de la relación ya que te crea la esperanza de que pueda cambiar. Esta conexión emocional intermitente produce gran desasosiego y confusión en la hija.

Tu madre te castiga cuando no te “comportas” y te “premia” cuando lo haces. Esta secuencia repetitiva de negar afecto y dar migajas, te provoca una montaña rusa de emociones, desencadenando la liberación de cortisol, la hormona del estrés, y también de dopamina, la cual aparece cuando se recibe afecto.

Tu cuerpo se vuelve adicto a este cambio de emociones. Cuando estamos buscando algo que queremos, algo que alguna vez tuvimos, el cuerpo se vuelve dependiente de ello. Desesperadamente buscas la aprobación de tu madre, necesitas tu dosis dulce de ella, quedando así atrapada en un vínculo con ella que te asfixia.

Por esta “adicción” es que tanto te cuesta romper el vínculo con tu madre a pesar de saber que te hace daño.

Incluso cuando te separas de ella físicamente actúas de igual manera. Sigues viviendo en esa montaña rusa de emociones, porque eres adicta a tus emociones. Necesitas estar abajo para luego subir.

Pero no te preocupes las química de tu cerebro, los péptidos que tus emociones producen en tu cerebro pueden cambiar por la neuroplasticidad de tu cerebro.

Te muestro como en el Método RAN©, que he creado para ayudarte a por fin liberarte de tus cadenas emocionales.