Cuando ves que una persona repite lo buena que es, espera a ver sus actos primero. Quien realmente es bueno , no lo va diciendo, si no que lo demuestra con su correcta manera de vivir.

El narcisista siempre enfatiza el hecho de que es un “buen chico”, que debes “confiar en él”, sin que nadie le diga nada ni le pregunte.

Las personas tóxicas y abusivas exageran su capacidad para ser amables y compasivos. A menudo te dicen que debes “confiar” en ellos sin construir primero una base sólida de confianza. 

Al principio de la relación el narcisista siempre parece que se preocupa por ti. Pero se trata de otra herramienta para manipularte,  la empatía cognitiva. No es emoción lo que muestra sino que te escucha y te parece atento porque lo que hace es recabar información sobre ti, para luego utilizarla para poder manipularte.

Las personas realmente agradables rara vez tienen que mostrar persistentemente sus cualidades positivas: exudan su calidez más de lo que hablan y saben que las acciones hablan mucho más que las palabras. Saben que la confianza y el respeto es una calle de doble sentido que requiere reciprocidad, no repetición.

Si al principio de una relación de amistad o de pareja alguien insiste en justificarse a sí mismo como bueno, huye. La persona buena no necesita decir que lo es. Fíate de las acciones no de las palabras.

Para contrarrestar una defensa preventiva, reevalúa por qué una persona puede enfatizar sus buenas cualidades. ¿Es porque piensan que no confías en ellos o porque saben que no deberías? Confía en las acciones más que en palabras vacías y ve cómo las acciones de alguien comunican quiénes son, no quiénes dicen que son.